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viernes, 23 de agosto de 2019

Algo termina, algo comienza

Si aquel día, después de caer la noche, alguien se hubiera arrastrado furtivamente hasta aquella torre, erigida, desafiante, tratando de arañar las nubes con sus garras. Si alguien hubiera conseguido sobrevivir al fiero oleaje y a la vertical ascensión de la roca. Si hubiera trepado, alcanzando la entreabierta ventana, habría visto en su interior, bajo la escasa luz de una única vela, un pequeño papel que se agitaba frente a ella. Habría visto también a un hombre a medio vestir, que asía ese trozo de pergamino con fuerza, hasta casi hacerlo crujir. Hubiera distinguido como éste, bajo el amparo de la privacidad de sus aposentos, dejaba entrever sus dientes. Habría visto también como éstos brillaban con especial fulgor, mientras sus verdes ojos releían una y otra vez las escasas líneas. Habría oído, quizá, si pegara la oreja al cristal, como una pequeña carcajada despertaba en lo más profundo de su vientre, aunque nacía murmullo ya en la boca.

Pero aquello no habría sido posible. Nadie podía verle. La torre formaba parte de una fortaleza inexpugnable, impenetrable, invicta durante siglos. Nadie podría haber ascendido por la Roca, nadie habría alcanzado jamás la ventana ni habría podido atisbar lo que al otro lado de ella se acontecía. Nadie, pero no nada. Algo sí lo había logrado. Algo había llegado hasta la cornisa, se había posado sobre la piedra y esperado a ser recibido. Algo que portaba un mensaje, uno que había sido leído hasta la saciedad. Palabras que habían llegado prestas, obviando al maestre, directamente a sus manos. Palabras que habían despertado al león durmiente bajo la Roca.

— Oye mi rugido. — susurró a la nada.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Yo no decido

¿Qué sentido tiene siquiera que me lo plantee? No habrá diferencia alguna. No creo que haya tomado ninguna decisión en toda mi vida. Podría fácilmente elevarme en el aire, ascender hasta cortar aquella aciaga trayectoria y ser el héroe del día. Pero, ¿debería? O, mejor dicho: ¿tendría mérito alguno si me decidiese a hacerlo? Mi tierra me ha dado la capacidad para ello. He entrenado mi habilidad desde que la descubrí, cuando apenas podía aún sostenerme en pie. Ni tan siquiera supondría un reto para mi psique, cuanto menos para mis músculos que no trabajarían más de lo que lo hacen ahora, estando de pie.

Todos los sistemas fallaban, no quedaba duda alguna a poco que atisbaras la multitud de luces rojas que parpadeaban arrítmicamente. Cualquier pasajero lo habría adivinado; para el piloto era más que evidente. Aquel planeta parecía atraerlos como si estuviera sediento de ellos. Toda esperanza se disipó cuando la melodía lumínica cesó. La calma se apoderó de los controles y todo podría haber parecido en orden de no ser por el ensordecedor sonido que aún describía la nave en su caída libre.

Todo se detuvo súbitamente. Él lo había logrado, una vez más. El sonido dejó paso a más blanco silencio. La gravedad a la quietud de la levitación. Quien mirara por uno de los pequeños ventanucos del navío vería a su salvador, suspendido en el aire con un brazo extendido hacia ellos.

Ya ha sido escrito. Y antes imaginado. No he sido yo, sino la pluma sobre el papel quien ha tomado la decisión. ¿Para qué plantearme nada? No hubiera habido diferencia alguna. Nunca jamás tomé una decisión.

viernes, 17 de agosto de 2018

En calma

Frente a mí, inerte, el hombre al que acababa de matar. Mi cara reflejaba el dolor más agudo. Estaba fuera de mí, con los ojos desencajados, abstrayéndome de aquella escena. En mi interior permanecía sereno. Sabía que había sido en defensa propia y no tenía el más mínimo remordimiento por lo que acababa de hacer.

Fingí como mejor sé, que no es poco. Fingí arrepentimiento, pesar y aflicción. Sabía que era lo que esperaban que sintiera, aunque mi mente siguiera calma.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Damocles invisible

Bajo aquel estrés constante que pendía sobre la Guardia, la atención y esfuerzo de los soldados se centró en su rol vital y principal: la defensa del débil. En esas circunstancias, con la concentración focalizada fuera de las murallas del castillo, nadie podía sospechar, menos averiguar, que algo se urdía en su interior. Con el amparo de los fatigados soldados, ocupados en otras preocupaciones, poco a poco se fue forjando una pesada y lustrosa Espada de Damocles, tan vigorosa y henchida de poder, que incluso aun pendiendo sobre la cabeza de quien lo hacía, su descenso se antojaba implacable. El destino del Reino, el aciago sino de la Guardia y de su máximo mandatario, se tejía con cautela y precisión en las mismas entrañas de aquella tierra, sin la sospecha de ninguno de sus habitantes.

lunes, 22 de octubre de 2012

De tambores y otros corazones

“Pum, pum. Pum, pum.”

Seguía tamborileando.

“Pum, pum. Pum, pum.”

Por más que se esforzaba, no parecía querer aminorar.

“Pum, pum. Pum, pum.”

viernes, 10 de agosto de 2012

Tambor incansable

Arriadas las velas, la nave bajó sus remos y el tambor comenzó a sonar. Sobre la cabeza del capitán del navío se dibujaba una tormenta, tan imposible de esquivar que decidió cruzar. “El ojo de la tormenta, allí habrá paz”, reflexionó y el repiqueteo del tambor así obedeció. El mar se agitaba con la tempestad pero las palas lo cortaban con bravura igual. El tambor sonaba con mayor presura a las órdenes del capitán. La embarcación se adentró en la tormenta, el ritmo del tambor seguía creciendo, conforme la oscuridad aumentaba a la par. Los vientos se volvieron tan violentos que a punto estuvieron de zozobrar, pero el incansable tambor y los remos que al unísono se movían capearon el temporal.

Cruzada ya la zona de mayor fiereza, que había besado la proa con fuerza, seguían buscando el centro de la tormenta. El tambor sonaba aún ligero, presto a cualquier otro brusco cambio del tiempo. Surcaban las bravas olas, cortaban el turbulento mar, pero no lograban encontrar el ojo de aquella demente tempestad. Ni tan siquiera alcanzaban a vislumbrar el final de tan agónica huida.

El tambor seguía su ritmo incansable. Los brazos del tamborilero podrían seguir así hasta el alba mas, ¿cuánto podría aguantar el pellejo que vibraba tras cada golpe? ¿Cuánto aguantarían las dos docenas de almas que movían los largos remos bajo la tempestad? Ni centro ni fin de la tormenta se atisbaban, pero el tambor no dejaba de sonar.

lunes, 16 de julio de 2012

La Guardia de la Corte

Sala de Reuniones de Capitanes. Una estancia célebre aunque austera, como el resto del Primer Escuadrón. Aquellas cuatro paredes habían acogido a multitud de guerreros de muy diversas personalidades. Alrededor de esa mesa se habían sucedido airadas conversaciones, debates inagotables y alguna que otra pequeña celebración. Bajo ese techo se habían vivido momentos de máxima tensión, momentos ceremoniosos y pocos instantes de relajación. Allí se habían tomado decisiones, se había resuelto el rumbo de la Corte, se había escrito la historia de la Estado. Esas cuatro paredes habían escuchado de todo, porque sobre todo voces, discursos y discusiones habían reinado aquella cámara, retumbando en cada rincón como un eco incansable.

sábado, 23 de junio de 2012

Aquí y Allí

Hoy despertó en un mundo extraño. Allí, hace una década, no fue tan cauteloso. Allí, años atrás, no antepuso la lógica y la amistad a la locura y el romanticismo. Allá maduró antes, aunque no más que aquí, ni mejor. Allí su primer beso se adelantó a un sucio cuartucho del laboratorio de ciencias. Menos bucólico que el atardecer en la playa de acá, sí, pero prematuro, como casi todo todo lo demás allá. Allí dejaron su amistad sin fin a un lado, abrazando aquel nuevo “ellos” con fecha de caducidad.

jueves, 24 de mayo de 2012

Relativo y subjetivo tiempo

El tiempo es una creación de la conciencia, tan relativo como subjetivo. Marcamos qué es el día, qué la noche, cuándo ir a dormir y cuándo despertar. Creamos las semanas, los meses, para poder marcar los cambios en las mareas, las fases de la luna. Delimitamos horas, minutos, segundos, para poder medir el latido del corazón. Pero a veces confundimos conceptos, olvidándonos de esa escala que colocamos tiempo atrás sobre nuestra psique. Los días parecen horas, las semanas años y las horas segundos. Y, entre aquellas viejas paredes que rechinaban bajo la humedad, bajo aquel techo sobre el que se componía la sinfonía de la lluvia, cada latido de su trepidante corazón, se hacía tan largo como una noche de invierno.

jueves, 3 de mayo de 2012

Pecho henchido, mentón erguido.

Caminaba aquel señor con pecho henchido y mentón erguido, orgulloso de su más lustrosa prenda. No tenía reparos en lucir esa tela que resplandecía bajo el sol y que no sólo osaba reflejar sus rayos, sino todo aquello que sobre ella se posara. Cada golpe, cada roce, cada elogio y alabanza sobre él resbalaba, cual gotas de rocío. Se sentía protegido del exterior sin con ello aislarse de éste. Se hallaba imperturbable ante todo y ante todos bajo él. Era al mismo tiempo su más firme escudo y el más cálido de sus mantos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Miradas en el tren

Como no podía ser de otro modo, llegaba tarde. El tiempo, el atmosférico, tampoco ayudaba a la carrera. Tras unos días de adelantado calor, el día había amanecido lluvioso y el bochorno dominabas las calles. Mirada al reloj, pequeño acelerón, nueva mirada al reloj. Sin saber cómo me pierdo en cualquier vano pensamiento para darme cuenta que he bajado el ritmo. Acelero de nuevo tras fustigarme mentalmente para llegar a la estación a la vez que el tren que debía tomar.

jueves, 1 de marzo de 2012

Cayendo

El sol había deslumbrado sus ojos, pero no los necesitaba para saber que estaba cayendo. En algún momento de un futuro próximo que no alcanzaba a poder concretar, su espalda daría de bruces contra el suelo. Era un hecho.

No sabía desde que altura se había precipitado ni cuánto llevaba cayendo, pero algo en su cabeza le decía que el viaje estaba siendo muy rápido, demasiado. Tanto que el aterrizaje debería ser fatal, mortal. Sin embargo algo notó bajo su hombro derecho. Al principio sólo era un pequeño roce, pero luego parecía afirmarse aquel contacto que se oponía al movimiento descendente de su cuerpo. A penas había frenado la caída éste, cuando sintió de nuevo otro contacto, esta vez bajo su costado izquierdo. Ni el primero ni el segundo tenían potencial suficiente para evitar el futuro y aparatoso aterrizaje, pero con fuerzas aunadas, la velocidad iba en detrimento.

No fueron dos, ni tres los contactos que se formaron. Infinidad se sucedieron, unos más firmes y vigorosos, otros más duraderos y lábiles. Ninguno consiguió detener la caída pero sí ralentizar el viaje. Sus ojos se recuperaron y comenzaron de nuevo a curiosear lo que les rodeaba. Y ahora, tras tanto contacto anónimo, el súbito desenlace de aquel malcarado viaje no parecía tan malo. Dolería, por supuesto que dolería, pero lograría salir de una pieza gracias a aquellas manos amigas, que no es decir poco.

domingo, 22 de enero de 2012

Sin acero

Había sido arrastrado hasta aquel árido páramo mientras estuvo inconsciente. Aún conservaba la cordura, pero no tardaría en perderla. Con torpeza y dificultad, recobró la verticalidad al tiempo que cada hueso se desentumecía, doliéndoles. Miró hacia abajo para comprobar que su armadura seguía en su lugar. Su mirada se desvió a un brazo, luego al otro, como si no esperara encontrarlos ahí. Lo que ya no pasaba por su mente era hallar en ellos su espada, pues hacía tiempo que no sentía el peso del metal en su mano.

martes, 27 de diciembre de 2011

¿Preparado?

Sabes que ese día llegará. No cuándo ni cómo, pero sí que llegará. Es tu única ventaja y tu peor castigo. Aún así nos aferramos al aspecto, en esfuerzo optimista, de que ello supone tu única esperanza de sobrevivir a tu aciago destino. No queda otra opción, toca centrarse y prepararnos para lo inevitable.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Miedo a recordar

Tengo muchas, muchas lecturas pendientes. Algunas incluso imperdonables. Un ejemplo claro de ello es El Gen Egoísta, del brillante Richard Dawkins, el cual tengo a medio empezar. Es un tipo que me apasiona, tanto en las intervenciones públicas a las que he tenido acceso, como en sus textos divulgativos. Esta obra no sólo es su ópera prima, sino que yo diría que la más importante de su carrera por sus pioneros planteamientos y por sentar la base de su crítica prosa. Pero además, en aspectos más respectivos a mi persona, el libro versa sobre evolución y comportamiento, que podría declarar, sin temor a equivocarme, que son los dos pilares que asientan mi yo científico. Atendiendo a todo lo anterior, ¿qué diantres estoy haciendo que aún no acabé semejante joya?

jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Poema o Canción desesperada?

Por más que la observo, sigo sin poder creerlo. Se parece tanto a esa de antaño. La misma palidez, el mismo brillo.

Jamás pensé volver a verla, pero ahí está. Frente a mí. Mirándome fijamente. Esperando que continúe mi camino para volver a hacerme trastabillar, para volver a tambalear mi ordenado mundo.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El Rey no va desnudo

Cruzó la sala con paso solemne. Caminaba calmo, sereno como si su consciencia estuviera por encima de las inquietudes de su pueblo.

Al final del pasillo que formaban sus caballeros, se encontraba su nervioso consejero. Aunque solía distinguirse por su quietud y parcos gestos, las circunstancias lo habían colmatado. Había unido sus manos, intentando disimular su desasosiego, pero a duras penas podía detener a sus dedos. Su mirada iba de aquí a allá, sin atreverse a posarse en la regia figura de su señor.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Piedras pateadas, piedras recogidas

Cada dos pasos pateaba una pequeña piedra. No lo hacía con destreza, pues tenía ambas manos en sendos bolsillos, pero sí con rabia. Pateaba y pateaba, sin preocuparse en mirar hacia arriba, en observar hacia donde caminaba.

Al otro lado del paisaje, alguien se dirigía hacia él. Alguien tan cegado en su empeño que tampoco se cuidaba de ir viendo por donde iba. Cada para de pasos, se agachaba y recogía una pequeña piedra, poniéndola en su regazo. No escogía las bonitas, ni las brillantes o raras. Simplemente recogía la que se le antojaba y siempre con aquella sonrisa en la boca, como si en vez de piedras llevara pepitas de oro sobre ella.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Voces de una historia

Si aquel día, después de caer la noche, alguien se hubiera arrastrado furtivamente a aquella cabaña. Si hubiera dejado tras de sí el lúgubre páramo que la rodeaba guiado por la tenue luz de la bóveda celeste. Si alguien hubiera mirado a través de los resquicios de la vieja madera. A través del empolvado y desgastado cristal de las numerosas y pequeñas ventanas. Si hubiera mirado hacia el sombrío interior, entre aquellas paredes, habría podido observar, a la escasa luz de aquella pequeña vela, un rostro indeciso. Habría observado también como sujetaba, casi con hastío, una pluma impregnada en demasiada tinta, que goteaba sobre la parca mesa. Habría podido contemplar incluso, si hubiera sido cauteloso, que lo ojos de aquel rostro miraban, sin ver nada.