El pesimista ve el vaso medio vacío. El optimista medio lleno. El realista lo ve, sin embargo, completamente lleno: mitad agua, mitad aire.
El pesimista echa de menos lo que ha perdido. Recuerda que no volverá a recuperarlo y desespera hasta tal punto que olvida de la generosa porción de agua que aún le resta.
El optimista olvida la pérdida, olvida el dolor. Se centra en lo que tiene y en lo que puede llegar a hacer con él. Sólo quiere lo que ve, lo invisible lo destierra para siempre.
El realista recuerda. Sabe que donde ahora hay aire, antes hubo agua. No se olvida de la porción perdida de ésta, sino que usa esa memoria para no volver a perder el resto de agua que aún posee. Tampoco olvida al aire, aquel elemento invisible y desconocido que ha sustituido a su preciado líquido. El aire palia el dolor de la pérdida, rellenando el espacio que el agua dejó, a la vez que abre un nuevo abanico de posibilidades ante sí. Sigue en posesión de una suficiente porción de su querido y transparente amigo, a la vez que pretende descubrir qué hacer con el nuevo y misterioso elemento al que no puede ver, oír o saborear, pero que sabe que ahí está. Y sabe también que lo usará para su beneficio, aunque desconozca aún cómo.
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sábado, 20 de octubre de 2012
sábado, 10 de diciembre de 2011
¿Lo tomas o lo dejas?
Los más duros dilemas de la vida no son aquellos que te obligan a tomar una decisión para poder continuar. No son aquellos que guían tu vida, que tuercen tu camino hacia un lado o hacia el otro. Estos dilemas impuestos no son más que parte del paradigma de la vida humana. Decisión tras decisión conformamos lo que fuimos, somos y seremos. Pueden ser decisiones duras, no dudo de ello, pero el simple hecho de no poder evitarlas, el hecho de que tengas que decidir una opción sin poder volver la espalda y olvidar el problema, las hacen, en mi opinión, menos importantes. Definimos nuestro yo a base de decisiones y firmeza o flaqueza, la determinación o incoherencia con que elijamos dependerá de nosotros mismos. Dependerá de cuán alto apuntemos, de lo que busquemos y de lo que queramos arriesgar. Nada más. Dilemas así pueden ser difíciles de reflexionar, pero en la medida que son inexorables son también menos complejos e irrelevantes.
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